
Mi Tía I. nos cuenta cómo su prima Fulanita la palmó de cáncer de estómago mientras se zampa otro langostino como si nada, pelándolo con una maestría sospechosa como si no comiera otra cosa, los jugos del marisco resbalándole por los dedos morenos y perfectos (siempre me han encantado las manos de I. Encuentro que todos tenemos un rasgo que nos hace especiales e I. tiene esas manos fantásticas. A nadie le queda tan bien un cigarrillo entre los dedos como a ella, ni un langostino...) El caso es que su prima Fulanita se llevaba quejando de dolores en el estómago años y los médicos la mandaban a casa con cualquier medicina para la digestión y fuera. Para cuando la quisieron hacer caso ya tenía una pata en el otro barrio, quizás una pata perfecta, y desde luego una pata demasiado joven.
Sin dejar de admirar las maniobras de las manos de tía, exclamo indignada contra la medicina moderna, y mi tía, como si nada, me suelta que no es culpa de los médicos. Que cuando a uno le llega su hora le ha llegado, y que hay que aceptarlo y disfrutar y dejarse de médicos. Me muero de ganas de gritarle cualquier burrada, como por ejemplo que habría que verla si fuera una de sus hijas la que se muere de dolores de tripa sin que ningún médico le haga puto caso. Pero me callo, porque conozco la respuesta. Mi tía se deja al año una burrada en seguros médicos para los suyos!! supongo que lo de resignarse va por los pobres ...
Y esto a qué viene en un post sobre el País de los Gnomos? Pues a que hoy leí en el Guardian que 10.000 personas al año mueren en este pais de cáncer por habérselas diagnosticado mal o tarde, y sé por experiencia que aquí más le vale a uno mentir y exagerar un millón de veces lo que siente cuando se siente mal si quiere que el médico le valga para algo. No es que no tengan conocimientos, es que no tienen tiempo ni dinero para demostrarlos como Dios manda. Así que aquí como en el país de las tapas, o nos resignamos o pagamos extra.
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